Opinar sobre la huelga de Telemadrid sería meterme en un agujero negro, porque no tengo argumentos para valorar o criticar los motivos profesionales que acabaron apagando las antenas de la radiotelevisión pública madrileña durante 24 horas, aproximadamente. Igual no saben los lectores de fuera de la Comunidad de Madrid que la autonómica se quedó como aquí pueden ver a las 12:50 del martes 24 de junio. El día de la noche más corta fue el más largo y duro en la otrora TM3. Como lo de ayer nunca había pasado, es histórico.

Lo alucinante fue la audiencia. Con la programación que emitió durante la mañana más este lado oscuro con logotipo, Telemadrid se marcó un 2,1 por ciento de cuota de pantalla, unos 51.000 espectadores. Es más, desde que se fueron a negro el share rozó el 1 por ciento (0,7) y dejaron la tele madrileña encendida una media de 9.000 personas. 9.000... ¡9.000!
¿Cómo que 9.000 espectadores? ¿Esto es lo que llaman audiencia residual? Ya no es que se traguen toda la telebasura, es que se quedaron embobados viendo nada, el vacío, una pantalla en negro en la que se debían ver reflejados. El cliente siempre llevará la razón, pero esta gente está fatal...
Onda Madrid, la radio autonómica, se quedó igual, con una grabación en bucle que anunciaba la huelga. Qué pena que ya pasó la última medición de la temporada del Estudio General de Medios, estaría bien que hubieran preguntado a los oyentes si escucharon semejante sinfín.
Sardá lo hizo una vez cuando estaba al frente de la nave marciana: pidió a la mesa de colaboradores que dejaran de chillar y guardaran silencio. Así estuvieron un buen rato. La audiencia fue millonaria e iba subiendo a medida que pasaban los minutos. A ustedes, como a los periodistas, les gusta la distorsión, todo aquello que se sale de la norma... Son unos raros, pero no podemos más que agradecerles su fidelidad, aunque no hagamos nada, literalmente nada, para merecerla.
Definitivamente, la caja atonta.
japinero@puntoradio.com

